Eduardo Vergara: “Gobierno usa a Carabineros para proteger su orden político”

Experto Eduardo Vergara afirmó también que el proceso de reforma de esa institución es solo “una pauta comunicacional” de esta administración.

Experto Eduardo Vergara afirmó también que el proceso de reforma de esa institución es solo “una pauta comunicacional” de esta administración.

Hugo Guzmán. Periodista. 04/12/2020. 

“El gobierno insiste en usar a Carabineros como fusible político para gobernar”.

“La modernización que plantea el gobierno es un maquillaje superficial a la institución policial”.

“Carabineros es incapaz de hacer su trabajo sin recurrir al abuso y la brutalidad”.

“Quien empujó a Carabineros al borde del precipicio fue la administración de Sebastián Piñera”.

“En Carabineros de Chile existe una división de castas”.

El cientista político Eduardo Vergara, es director ejecutivo de la Fundación Chile21; fue jefe de la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior en el gobierno de Michelle Bachelet; es consultor en Seguridad Pública y Privada; fundador de las organizaciones “Asuntos del Sur” y Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas y Seguridad Humana”. En entrevista con ElSiglo.cl abordó la realidad actual de Carabineros de Chile, las pretensiones del gobierno de Sebastián Piñera frente a esa entidad policial y algunas claves para la transformación de la institución tan cuestionada en estos tiempos.

El gobierno armó un equipo para ver la reforma de Carabineros. ¿Tiene visos de ser realmente efectivo?

El gobierno desperdició una gran oportunidad en enero de este año para iniciar un proceso profundo en Carabineros de Chile. Porque existía una voluntad y una disponibilidad transversal de parte de diferentes actores políticos, que se dio plasmada en la presentación de una propuesta común. Al mismo tiempo, se desperdició porque iban a reaparecer eventos masivos, marchas, demostraciones de la población, y Carabineros no había hecho cambio alguno para enfrentar su relación con la ciudadanía de mejor manera. El Presidente (Sebastián Piñera) inicia un proceso de reforma, llama a una comisión, y esa comisión no tuvo ningún resultado durante meses. Y como parte de una estrategia comunicacional, ahora llamó a una Unidad Coordinadora de la reforma, pero que no tiene mucho de fondo. Entonces, al final del día, el gobierno se ha paseado por los medios de prensa anunciando este proceso, con participación de expertos, de académicos, de actores políticos, pero siempre ha tenido bajo la manga la lista de cambios y modificaciones que quiere hacer. 

¿Es una acción más comunicacional que efectiva?

Hasta ahora, el proceso de reforma de Carabineros de Chile ha sido una pauta comunicacional. 

Se habla de reforma, pero también se habla de cambio estructural, ¿eso es más que un matiz de palabras?

El matiz es importante. El gobierno está obsesionado en hablar sobre modernización, y la modernización que plantea es un maquillaje superficial a la institución policial, principalmente de la mano con la conveniencia de lograr el apoyo a un paquete de populismo penal y de mano dura que tiene en el Congreso. Cuando el gobierno dice que necesita apoyo en el Congreso para empujar la reforma policial, está faltando a la verdad. La reforma no existe y nunca ha estado en el Congreso. Lo que sí hay, es una serie de proyectos de ley que apuntan a hacer cambios cosméticos y de maquillaje a Carabineros que no son suficientes.

Lo que Carabineros requiere es una profunda reforma que le permita cambiar el foco real de la institución, partiendo por su enfoque militar como se define en su primer Artículo de la Ley Orgánica constitucional. Pero sobre todo, independiente de los cambios administrativos, de transparencia y procedimiento, es que no podemos seguir teniendo una policía que bajo la conducción del Ministro del Interior o de un gobierno, termine siendo usada con fines políticos. La obsesión por la seguridad pública en manos del Presidente Piñera, ha sido la protección del orden político. Eso lo consigue dando instrucciones a Carabineros para que trate de forma diferente a quienes son adversarios políticos del gobierno y quienes no lo son. El mejor ejemplo es el trato que recibieron carabineros versus los manifestantes, o los dichos del subsecretario de Interior, Francisco Galli, cuando fue incapaz de reconocer la magnitud de las armas y objetos incautados a las personas investigadas e imputadas por las amenazas a la Fiscal Ximena Chong. El gobierno insiste en usar a Carabineros como fusible político para gobernar pero también como un instrumento para proteger su orden político.

Hay críticas de que hay poca o nula subordinación del alto mando de Carabineros a la autoridad civil, al Ministerio del Interior. ¿Coincides con eso?

Existe la Ley Orgánica que le entrega a Carabineros una serie de atribuciones y facultades que son absolutamente impresentables y que, sin duda, deben ser modificadas. Pero el tema de fondo es reconocer que la responsabilidad sobre Carabineros, y sobre el mando de Carabineros, la tiene el Ministerio del Interior. El mismo general (Ricardo) Yáñez, en una entrevista, menciona que ellos no se mandan solos, sino que dependen del Ministerio del Interior. Lo que hizo el gobierno al desligarse de su responsabilidad, es usar a Carabineros cuando les conviene, manipular las estrategias de orden público para proteger el orden político, pero por sobre todo, que cuando Carabineros comete un error, el gobierno da un paso al costado y apunta a la institución policial con un dedo, transformándolo en un fusible para gobernar. 

Claves para un cambio

¿Dónde situarías puntos clave para la reforma estructural de Carabineros?

Hay aristas que la reforma tiene que contemplar. Primero, cómo mejora la relación que tiene Carabineros con la ciudadanía y eso, principalmente, tiene que ver con el orden público. Carabineros no puede seguir midiendo su eficiencia bajo estándares de delitos contra la propiedad privada, ni tampoco respecto al resguardo del orden público. El objetivo principal de Carabineros es resguardar a la ciudadanía, contribuir a que las personas puedan convivir y vivir en paz, pero sobre todo, garantizar que todos puedan ejercer sus derechos libremente, sin distinción. Al mismo tiempo, la reforma debe contemplar los procesos de formación, pero además que no existan divisiones internas en Carabineros de Chile, no podemos seguir con carabineros de primera y de segunda clase. Hay otra arista que tiene que ver con temas administrativos y de transparencia, se necesitan mecanismos de mayor rendición de cuentas, incluir civiles en las labores administrativas y, por último, la creación de un Ministerio de Seguridad Pública que permita administrar directamente, con responsabilidades políticas definidas con mayor claridad, sobre las policías. 

¿A qué te refieres con carabineros de primera y segunda clase?

Lo que ocurre es que en Carabineros de Chile existe una división de castas, donde hay quienes pueden optar a la Escuela de Suboficiales y los que pueden ir a la Escuela de Oficiales, y se siguen distintos caminos. Esto hace que existan carabineros de primer y segundo orden y genera divisiones internas en la institución. Eso implica que hay ciertos carabineros que pueden optar a ciertos ascensos, llegar a ser generales, o general director, mientras hay otros que no pueden aspirar a ascensos y que se van a mantener en ciertas unidades y en los territorios. 

Niveles de brutalidad y de soberbia

Sólo para hablar de los años recientes. Hay innumerables casos de asesinatos -como el de Camilo Catrillanca-, daños oculares a cientos de personas, procesos por golpizas, montajes, alteración de pruebas, fraudes, robos, mentiras, acusaciones de abuso sexual, entre otras situaciones, en una circunstancia repetitiva. Esto continúa. ¿En definitiva, a qué obedece este comportamiento de tantos carabineros, incluidos altos oficiales? 

Cuando un carabinero asesina es el Estado el que asesina, cuando un carabinero es incapaz de hacer su trabajo sin salirse del marco del respeto a los derechos humanos, es el Estado el que viola los derechos humanos. Lo que hemos visto particularmente en el último año, es que Carabineros es incapaz de hacer su trabajo sin recurrir al abuso y la brutalidad.

Eso no es un fenómeno nuevo. Si bien en el inicio del estallido social hasta la fecha, los hechos de vulneraciones y abusos han ocurrido en espacios de mayor connotación pública, no significa que han comenzado a ocurrir desde esos tiempos. Tenemos evidencia de que esto ha ocurrido durante mucho tiempo, sobre todo en los territorios de mayor desigualdad, que se encuentran en los bordes de las ciudades, en la marginalidad. Ahora, simplemente, esos niveles de brutalidad se vieron en las cámaras de televisión, se transmitía en vivo, ocurría en el centro de la ciudad, estaba en redes sociales. Por eso la necesidad de la reforma tiene que ver con asegurarnos que Carabineros pueda hacer su trabajo sin violar los derechos humanos y sin recurrir a la brutalidad.

¿No hay un elemento doctrinario que influye en todo eso?

Sin duda que la formación tiene que ver. Pero no se saca nada con tener a carabineros sentados en una sala de clases aprendiendo derechos humanos todos los días durante un año, si después reciben órdenes contrarias a eso. Solo dando cursos no se garantiza que los policías hagan su trabajo en el marco del respeto a los derechos humanos. Lo que se requiere es que el mando policial asegure que eso funcione, que imparta las instrucciones necesarias y que se cuente con los mecanismos necesarios para fiscalizar que eso suceda. Pero, por sobre todo, sobre el mando policial tiene que existir un mando político, que no solamente tenga un compromiso con el respeto a los derechos humanos, sino que además tenga el coraje de garantizar que Carabineros y la Policía de Investigaciones puedan y deban respetar los derechos humanos día a día, en sus labores en la calle y otros espacios.

El ex general Mario Rozas, en medio de querellas y evidencias de abusos y violaciones a derechos humanos, dijo que Carabineros no había cometido errores, nada. Ahora, el nuevo general director, Ricardo Yáñez, visitó y dio apoyo al sargento imputado por dispararles a dos menores de edad, dijo que no puede pedir perdón o dar excusas por las dos personas que perdieron la vista por acción de carabineros. Hay varios oficiales que en el caso de Catrillanca y del joven arrojado al río Mapocho, por mencionar solo dos casos, negaron los hechos, tergiversaron y mintieron. Es un comportamiento comunicacional continuo. ¿Hay allí una doctrina de prepotencia, de agresividad, de jugar al pillo mintiendo, son señales a la ciudadanía de que Carabineros no tiene por qué reconocer algo, que la autocrítica ante la opinión pública no existe? Considerando que eso produce malestar e indignación en la población.

Lo que ocurre es que contamos con una policía acostumbrada a hacer lo que quiere. Que además cuenta con un marco normativo para tomar decisiones con autonomía. Pero esto no es responsabilidad de Carabineros, es una responsabilidad política, donde en los últimos años los gobiernos han tratado a la seguridad pública como un fierro caliente y le han delegado mucho o todo a las policías. Entonces tenemos a Carabineros que no está acostumbrado, como institución, a dar explicaciones, que no las da porque no quiere, que no da información cuando no la quiere dar, pero además actúa con soberbia comunicacional. Tú mencionaste unas situaciones, pero los dichos del general Yáñez sobre el joven que fue empujado por un carabinero al río desde el puente Pío Nono, de que eso es una consecuencia cuando ocurren hechos vandálicos, simplemente es que no saben hacer su trabajo sin recurrir a la brutalidad. Cuando nos enfrentamos con esos escenarios, lo que vemos es que los cambios no van a ocurrir hasta que la conducción política, el gobierno, tenga el coraje de reformar a la institución, pero sobre todo, asegurarse que actúen dentro del marco de la ley.

Esto no queda circunscrito solo a este gobierno.

Efectivamente, esto de la responsabilidad política ante Carabineros es algo que se arrastra hace mucho tiempo, y los cambios no van a depender solamente de esta administración. Lo que sí hay que decir, es que la oportunidad que ha tenido este gobierno fue como nunca antes se había tenido. Pero, además, el grado de profundización que tiene la crisis de Carabineros tiene que ver con la incapacidad del gobierno de Piñera, y sobre todo en definir a Carabineros como una policía que se transforma en un fusible político y un garante del orden político que le conviene a este gobierno. En este escenario, quien empujó a Carabineros al borde del precipicio fue la administración de Sebastián Piñera.

Contenido publicado en El Siglo

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