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Eduardo Vergara:“No podemos seguir usando la condena a la violencia como una píldora para dormir tranquilos”.

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Eduardo Vergara por Aniversario 18-O: “Carabineros no estuvo donde tuvo que estar”

Sin Tacos Ni Corbata conversó con el ex jefe de la división de seguridad pública del Ministerio del Interior y actual director ejecutivo de Chile 21, Eduardo Vergara, sobre el primer aniversario del Estallido Social.

Respecto a la estrategia de Carabineros de Chile que tras la represión matutina para evitar que pintaran nuevamente la estatua del general Baquedano, “yo celebré que se replegaran y entendieran que tenían que dar espacio para que las protestas y manifestaciones se realizaran en paz”, pero luego “Carabineros no estuvo donde tuvo que estar” comentó.

Vergara, en consecuencia, hace una muy buena evaluación del rol policial hasta cerca de las 15 horas del día domingo 18 de octubre, porque “aunque no lo quieran reconocer en público, con su sola presencia y lo mismo sucede con las de las Fuerzas Armadas, generan mayor fricción y violencia”.

Pero, agregó, dado que “el objetivo del repliegue es que las policías estén siempre a una distancia razonable para poder reaccionar cuando sea estrictamente necesario (…) a medida que pasó el día este repliegue parece que se transformó en la norma y que la estrategia del orden público, que parece más una estrategia para proteger el orden político, se mantuvo en ese tono”.

Así Eduardo Vergara concluyó que la sensación generalizada fue que “todos nos preguntábamos, al presenciar ciertos incidentes ¿dónde está Carabineros?”.

Contenido publicado en Radio Usach

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Análisis Monitor

Eduardo Vergara : Violencia y política

Progresivamente, y a medida que la violencia se mantenía durante meses (tanto en quemas y vandalismo como en la violencia ejercida por el Estado por medio de la policía) desde el inicio del estallido, la problemática se encapsuló en cálculos políticos que generaron un debate simbólico, superficial y funcional para ocultar la profundidad del fenómeno social que se vivía. Mientras el grueso de las manifestaciones fueron pacíficas, el conflicto escaló gracias a la gestión de la seguridad del gobierno que dio prioridad al orden público sobre la seguridad de las personas. Fueron reiteradas las recetas para el desastre.

La pandemia le pegó violentamente a quienes menos tienen y desde el estallido social a la fecha, parte de la élite actuó con sorpresa cuando el caos que normalmente ocurría en la periferia llegaba al jardín de sus casas. Sorprendidos por la destrucción de museos, monumentos y la infraestructura del progreso, no lograban entender por qué los símbolos de la resistencia social que se negó a seguir viviendo bajo parámetros que no le hacen sentido y desintegró el pacto político y social que dio gobernabilidad a Chile por tres décadas, no eran revolucionarios, intelectuales, ex compañeros de colegio o banderas de partidos políticos, sino que un imaginario colectivo anti oligárquico compuesto por Pikachu, la primera línea y un perro quiltro. Estos símbolos, contrarios a un sentido y a una estética aristocrática, adquirieron un rol heróico en contraposición a un gobierno que se comienza a percibir como una otredad. La declaración de guerra por parte del gobierno no hizo más que reafirmar esta situación.

Para reducir la violencia que estamos viendo en el espacio público debemos partir por abordar las violencias estructurales y de fondo por las acciones u omisiones del Estado. Una violencia no justifica la otra y en una democracia la violencia venga de la policía o la calle, no la podemos tolerar. Son exactamente quienes hacen las condenas públicas los que deben tomarse el desafío de la violencia en serio, abrir los espacios para democratizar la toma de decisiones y perderle el miedo a la gente. Después de todo, no estaríamos a días de decidir si tendremos una nueva constitución, si no fuera por el movimiento social que sigue haciendo presión.

Contenido publicado en La Segunda